BIENVENIDOS

2012/04/20

Cicatrices



Era el primer año, que aquella familia había decidido ir a veranear al sur de Florida. El chalet que habían alquilado era grande, rodeado por pequeño bosque de pinos y estaba situado casi al borde de una pequeña pero bellísima laguna.
Aquella mañana era especialmente calurosa y el pequeño Juan, desobedeciendo a su madre, salió del chalet por la puerta trasera, dispuesto a darse un refrescante baño. Llevaba en la mano solo una pequeña toalla, pero su cara resplandecía, dejando apreciar toda la felicidad que le embargaba en aquellos momentos.
Cuando le faltaban pocos metros para llegar al embarcadero, lanzó la toalla al aire y echó a correr; y ya no paró hasta que pudo lanzarse de cabeza al agua, tal como le había enseñado su padre.
No llevaba ni dos minutos nadando, cuando escuchó la voz de su madre llamándole.
Estaba a punto de salir del agua, cuando al girarse vió, algo grande surcando las aguas, mientras que se acercaba hacía donde el estaba. La madre que iba acercandose a la orilla, vió con horror de quién se trataba y mientras corría para poder salvar a su hijo, le gritaba lo más fuerte que podía, que saliera del agua sin mirar atrás.
El pequeño estaba tan desconcertado, que suponiendo, que su madre le estaba riñendo, no se movió del agua. Al fín la madre llegó donde estaba el pequeño, se estiró sobre el embarcadero y le tendió los brazos a su hijo con tal de agarrarlo y sacarlo del agua, pero fue demasiado tarde, porqué justo en aquel momento, el caimán tenía sus piernecitas entre sus dientes.
Sin embargo ella no desistió y tiraba y tiraba con todas sus fuerzas del pequeño, determinada con toda la fuerza de su corazón a arrancarlo de la boca del caimán.
Este era más grande y más fuerte, pero no tan fuerte como el amor que ella sentía por su pequeño y el deseo que sentía de salvarlo y recuperarlo.
Un vecino que estaba arreglando la barca para salir a pescar, al oir los gritos, agarró el arpón, salió corriendo y al llegar donde estaba el caimán, se lo calvó en la cabeza matándolo al instante.
Ayudó a la madre a sacar al pequeño del agua y despues de envolver con la toalla aquellas piernecitas tan destrozadas, los acompañó al Hospital más cercano.
Después de varias operaciones, pudo volver a andar, aunque fuera acompañado de muletas. Pero antes de salir del Hospital recibió la visita de un periodista, que antes de hacerle la entrevista para su Canal de TV., le pidió al niño, si quería enseñarle las cicatrices de sus piernas.
El niño levanto la colcha y se las mostró. Y ante el asombro de todos y lleno de orgullo, se subió las mangas del pijama y le mostró las cicatrices que llevaba en los brazos, mientras le decía: “Estas son las que usted debe de ver”. Eran las marcas de las uñas de su mamá. “Las tengo porque mamá no me solto y gracias a eso me salvó la vida”.

"Asi mismo Dios con su inmenso amor nos arranco de las manos de satanas lucho hasta lograrlo y no le importo que en sus manos y sus pies quedaran las marcas conlas que lucho por salvar nuestras vidas,gracias Jesus por aver amarnos tanto y asi como esta madre lucho por salvar a su hijo tu diste la vida por cada uno de nosotros".



-Aporte de nuestra amiga Ada Luz Beltrami, via facebook-


No hay comentarios:

Publicar un comentario

El comienzo de la intemperancia

Satanás reunió a los ángeles caídos para planear alguna manera de hacer el mayor daño posible a la familia humana. Se hizo una propuesta tras otra, hasta que finalmente Satanás mismo ideó un plan. Tomaría el fruto de la vid, como también el trigo y otras cosas dadas por Dios como alimento, y las convertiría en venenos que arruinaran las facultades físicas, mentales y morales del hombre y subyugaran de tal forma los sentidos que Satanás lograse el dominio completo. Bajo la influencia del licor los hombres serían llevados a cometer crímenes de toda clase. El mundo se corrompería mediante el apetito pervertido. Haciendo que los hombres tomaran alcohol, Satanás los degradaría cada vez más. Te 12.1

Satanás ha tenido éxito en apartar al mundo de Dios. Ha convertido en una maldición mortal las bendiciones inherentes al amor y la misericordia de Dios. Ha llenado a los hombres con el ansia del licor y del tabaco. Este apetito, que no tiene fundamento alguno en la naturaleza, ha destruido a millones.—The Review and Herald, 16 de abril de 1901. Te 12.2


El secreto de la estrategia enemiga—La intemperancia de cualquier clase entorpece los órganos sensoriales y debilita de tal forma el poder cerebral, que las cosas eternas no son apreciadas, sino colocadas en el mismo nivel que las cosas comunes. Las facultades superiores de la mente, destinadas a propósitos elevados, son puestas en la esclavitud de las pasiones más bajas. Si nuestros hábitos físicos no son correctos, nuestras facultades mentales y morales no pueden ser fuertes, porque hay una estrecha relación entre lo físico y lo moral.—Testimonies for the Church 3:50, 51. Te 12.3

Los nervios del cerebro que relacionan todo el organismo entre sí son el único medio por el cual el cielo puede comunicarse con el hombre, y afectan su vida más íntima.


Su tentación más efectiva de hoy—Satanás se acerca al hombre, como se acercó a Cristo, con sus tentaciones abrumadoras a complacer el apetito. Bien conoce su poder para vencer al hombre en este punto. Venció a Adán y a Eva en el Edén en el apetito, y ellos perdieron su hogar bendito. ¡Qué cúmulo de miserias y crímenes han llenado nuestro mundo a consecuencia de la caída de Adán! Te 13.5