PRIMER AUTO: La autosuficiencia,
es
aparentemente el más lujoso de todos. Su combustible es la supe soberbia, y
cuando se desliza por las calles no respeta a vehículos ni a peatones. Anda sin
frenos, pero con la bocina a todo volumen. La autosuficiencia es sinónimo del
egoísmo.
La
tendencia a abusar del yo es una costumbre muy conocida en la
historia de la humanidad, especialmente en nuestros días. El pronombre personal
yo proviene del pronombre latino ego, de donde se derivan vocablos como egoísmo
y egolatría.
SEGUNDO AUTO: La autocompasión,
es destartalado
y lúgubre, y aunque tiene los cambios necesarios para correr, sólo usa la
reversa (marcha atrás). Su pobre conductor es víctima de los complejos, los
prejuicios y la discriminación social. Piensa que el mundo lo persigue, que
nadie lo quiere y que es tan sólo un estorbo entre el montón.
Su dueño
se la pasa comparando su vida con la de otros, sin darse cuenta de que tal
método es dañino e infructuoso. Cuando compara su vida con personas
inferiores siente una satisfacción pervertida que no lo lleva a
ningún lado; y cuando la compara con personas superiores se siente descontento,
envidioso y malhumorado. La autocompasión es capaz de arrastrar a la persona a
la ruina, al fracaso y hasta la muerte. La única solución que encuentran muchos
de los que sufren de autocompasión es el suicidio. La autocompasión es una
enfermedad que sólo la fuerza de voluntad logra curar.
TERCER AUTO: La autoestima,
es lujoso por dentro y por fuera. Este vehículo conduce a su
dueño a la meta deseada. El conductor conoce su funcionamiento y lo cuida con
esmero. La autoestima es el producto de esa autoimagen que lleva a su dueño a
una feliz autorrealización, porque se conoce a sí mismo, conoce al prójimo y
deposita su confianza en Dios. La persona que se conoce a sí misma, la que
tiene autoestima, posee nobles ideales, unce su carro a las estrellas y realiza
las cosas de la mejor manera posible.
Consideremos a la autoestima como nuestra mejor aliada.
A Louisa May Alcote le
aconsejaron que se dedicara a ser modista o cocinera en vez de seguir en el
ramo de las letras, pero ella no les prestó atención y llegó a ser una
escritora famosa, autora del libro Mujercitas.
Para
incrementar la autoestima es menester afrontar la crítica con eficacia, seguir
adelante con entusiasmo y tomar en cuenta los siguientes factores:
Sigue
siendo tú mismo/a.
(●) Jamás
pongas en duda tu valía básica como ser humano.
(●) Tratate
como una persona valiosa.
(●) Evita
culparte cuando las cosas van mal en la vida.
(●) No te
compares con otras personas.
(●) Recuerda
que tú eres diferente y especial. No hay nadie en el mundo exactamente como tú.
Recuerda
que Dios es tu mejor aliado y que con él obtendrás la victoria.
Un
psicólogo cristiano, al estudiar el Salmo 139, sugiere que “la maravillosa
pauta del crecimiento, la plenitud y el desarrollo que Dios ha puesto en
nuestros genes constituye la base última de la autoestima”. Ciertamente, el
ingenio revelado en el código genético debería llevarme a postrarme y adorar
ante la sabiduría y el poder de Dios; pero ¿qué tiene que ver esto con la
autoestima?
El
mismo autor dice: “El contemplar las maravillas del poder creador de Dios en
mis genes no es mayor causa de autoexaltación que ver el
poder creador de Dios en los genes en general, o en una puesta de sol o en una
hermosa flor; yo no he tenido nada que ver con la creación de ninguna de estas
cosas. La maravillosa contemplación de las hermosuras y las maravillas de la
creación hace resaltar mi autoestima y me hace sentir cómodo al reconocer que
soy producto de sus manos, porque él me hizo del polvo de la Tierra;
esto me mueve a adorar al Creador. “Los cielos cuentan la gloria de Dios”, no
mi gloria. Si lo que Dios ha hecho al crear el universo es para su gloria, ¿no
ha de ser también para su gloria lo que él ha hecho en
mí y por mí como nueva creación en Cristo?
Cuando
Dios creó al hombre del polvo de la Tierra lo hizo perfecto en gran manera, y
al contemplar la hermosura de su cuerpo y la belleza de su intelecto sintió una
profunda satisfacción porque sabía que “era bueno”. Ese mismo concepto debemos
considerar nosotros mismos; que no somos producto de un sistema evolutivo ni de
un golpe del azar, sino la obra sublime del Creador del Universo. El apóstol
San Pablo describe este concepto con las siguientes palabras: “Porque somos
hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, que Dios de antemano
preparó para que anduviéramos en ellas” (Efe. 2:10)
Debemos,
por lo tanto, mantener siempre un profundo sentido de autoestima hacia nosotros
mismos, porque hemos sido puestos en este mundo para que seamos fieles
representantes del Dios de los cielos, el Creador del universo.
BIBLIOGRAFÍA:
Rafael Escandón
Reflexiones para hoy… y mañana. Valores verdaderos,
¿cuáles son?
Asociación Casa Editora Sudamericana
Buenos Aires, República Argentina.
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