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2012/04/27

Matutina 28 de Abril - Sinceridad


Y esto pido en oración: que vuestro amor abunde aún más y más en conocimiento y en toda comprensión [...], a fin de que seáis sinceros e irreprochables para el día de Cristo. 
(Filipenses 1:9,10, RV95)

Hace ya unos cuantos años, en Los Ángeles, California, una joven llamada Ángela murió después de un tiroteo con la policía. Durante su funeral el sacerdote oficiante dijo: «Ángela era una muchacha sincera, honesta y querida que, al igual que Cristo, murió por sus creencias». Resulta curioso que al describir a la misma joven, el escritor Charles Swindoll afirmó que Ángela era «una bandida depravada, prófuga de la justicia, entrenada en el siniestro arte de matar» (The Quest for Character [La búsqueda del carácter], p. 65).
¿Estaban el sacerdote y el escritor hablando de la misma persona? Uno la describe como una persona honesta, e incluso la compara con Cristo porque sinceramente murió por sus creencias; el otro, la describe como una asesina.
¿Por qué semejante contradicción? El problema está en la manera en que el sacerdote entiende la palabra «sinceridad». En su opinión, Ángela era digna de admiración por su «sinceridad» en lo que creía y hacía. Pero la pregunta que cabe aquí es: ¿Hay algún mérito en creer sinceramente en el error? ¿O en hacer sinceramente algo malo? Si la virtud está en la sinceridad de la persona, independientemente de cuan bueno o malo sea lo que haga, entonces probablemente deberíamos librar de toda culpa a Judas y a muchos otros que sinceramente hicieron lo malo.
¿Cómo determinamos si un acto es correcto o incorrecto? No es precisamente por la sinceridad con que se lo ejecute. Un acto será bueno si armoniza con los principios de la Palabra de Dios. Será malo si contradice esos principios, no importa  cuán sinceros seamos al realizarlo.
¿Significa esto que no hay valor alguno en la sinceridad? Sí lo hay. Dios quiere que con sinceridad plena creamos y practiquemos la verdad, que hagamos lo correcto y sirvamos al prójimo. Porque la sinceridad tiene valor, pero cuando va acompañada de todo lo que es verdadero, lo respetable, lo justo, lo puro y lo amable (ver Fil. 4:8).
Por esta razón, en nuestro texto de hoy el apóstol Pablo ora, no solo para que seamos sinceros, sino también irreprochables. E irreprochable significa... intachable, recto, íntegro.
Señor, ayúdame a ser sincero y  también en mis pensamientos, palabras y actos.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

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El comienzo de la intemperancia

Satanás reunió a los ángeles caídos para planear alguna manera de hacer el mayor daño posible a la familia humana. Se hizo una propuesta tras otra, hasta que finalmente Satanás mismo ideó un plan. Tomaría el fruto de la vid, como también el trigo y otras cosas dadas por Dios como alimento, y las convertiría en venenos que arruinaran las facultades físicas, mentales y morales del hombre y subyugaran de tal forma los sentidos que Satanás lograse el dominio completo. Bajo la influencia del licor los hombres serían llevados a cometer crímenes de toda clase. El mundo se corrompería mediante el apetito pervertido. Haciendo que los hombres tomaran alcohol, Satanás los degradaría cada vez más. Te 12.1

Satanás ha tenido éxito en apartar al mundo de Dios. Ha convertido en una maldición mortal las bendiciones inherentes al amor y la misericordia de Dios. Ha llenado a los hombres con el ansia del licor y del tabaco. Este apetito, que no tiene fundamento alguno en la naturaleza, ha destruido a millones.—The Review and Herald, 16 de abril de 1901. Te 12.2


El secreto de la estrategia enemiga—La intemperancia de cualquier clase entorpece los órganos sensoriales y debilita de tal forma el poder cerebral, que las cosas eternas no son apreciadas, sino colocadas en el mismo nivel que las cosas comunes. Las facultades superiores de la mente, destinadas a propósitos elevados, son puestas en la esclavitud de las pasiones más bajas. Si nuestros hábitos físicos no son correctos, nuestras facultades mentales y morales no pueden ser fuertes, porque hay una estrecha relación entre lo físico y lo moral.—Testimonies for the Church 3:50, 51. Te 12.3

Los nervios del cerebro que relacionan todo el organismo entre sí son el único medio por el cual el cielo puede comunicarse con el hombre, y afectan su vida más íntima.


Su tentación más efectiva de hoy—Satanás se acerca al hombre, como se acercó a Cristo, con sus tentaciones abrumadoras a complacer el apetito. Bien conoce su poder para vencer al hombre en este punto. Venció a Adán y a Eva en el Edén en el apetito, y ellos perdieron su hogar bendito. ¡Qué cúmulo de miserias y crímenes han llenado nuestro mundo a consecuencia de la caída de Adán! Te 13.5