2012/05/13
El Amor y el Cuidado hacen crecer ♥
Hace un tiempo atrás, decidí que iba a plantar un árbol de manzana de una cepa particularmente deliciosa llamada Honeycrisp, manzana oriunda de Hood River, de la región de árboles frutales de Oregón.
Confiando en que tendría éxito, planté la pequeña semilla negra en una tinaja de greda mediana y la coloqué en una esquina de mi jardín. Pasaron los días y fuí a ver qué había sucedido.
Pasaron otros cuantos días más, y otros más, pero no había señal de brote alguno.
Comencé a enojarme con la semilla de manzana, culpando a ese proyecto de árbol por no crecer, llamándolo defectuoso y una pérdida de tiempo para mí.
Poco sabía que era mi falta de cuidado lo que estaba causando que la semilla no germinara. No la aboné de la forma que alguien debe hacerlo para que dé buenos resultados. Yo sólo puse una pequeña cantidad de esfuerzo en el futuro de esa semilla. Me dije a mí mismo: “Es una semilla de manzana, sabe cómo crecer; puede hacerlo sin mi ayuda.”
Tiempo Delicado
Mientras me arremangaba las mangas de mi camisa y me dirigía hacia la tinaja de greda donde yacía escondida aquella semilla, pensé en las espirituales plantadas en los corazones de los nuevos creyentes en Jesús. Muchas veces los nuevos conversos sufren tratando de ajustarse a una forma de vida muy distinta. Hay demasiados obstáculos en su camino. Su fe está recién nacida y pasando por un tiempo delicado. Así como la semilla de manzana, necesita nutrirse para crecer.
Como miembros de la iglesia y de su comunidad, tenemos la obligación ante Dios de ayudar a florecer a los nuevos creyentes. Debemos nutrirlos con agua, alimento y guía espiritual para que puedan abrirse, florecer y llenarse de los frutos del Señor.
Decidí que me gustaría practicar un poco de fe en mí mismo y comenzar a nutrir y a cuidar mi semilla de manzana al mismo tiempo, hasta que un par de semanas más tarde un pequeño brote verde emergió desde el fondo de cara al sol. Conforme pasaba el tiempo, se convirtió en un gran árbol frutal. Sólo hacía falta un poco de amor y un poco de fe, y el árbol floreció.
Eso es todo lo que se necesita para nutrir a un nuevo converso –un poco de amor y mucha fe, y al final usted verá a un ser maduro, fuerte y haciendo suyos los frutos del Espíritu al compartir el amor de Dios con los demás.
"Entonces Jesús dijo: ‘¿A qué se parece el reino de Dios? ¿Cómo puedo ilustrarlo? Es como una pequeña semilla de mostaza que un hombre sembró en un jardín; crece y se convierte en un árbol, y los pájaros hacen nidos en las ramas’” (Lucas 13:18, 19).
El comienzo de la intemperancia
Satanás reunió a los ángeles caídos para planear alguna manera de hacer el mayor daño posible a la familia humana. Se hizo una propuesta tras otra, hasta que finalmente Satanás mismo ideó un plan. Tomaría el fruto de la vid, como también el trigo y otras cosas dadas por Dios como alimento, y las convertiría en venenos que arruinaran las facultades físicas, mentales y morales del hombre y subyugaran de tal forma los sentidos que Satanás lograse el dominio completo. Bajo la influencia del licor los hombres serían llevados a cometer crímenes de toda clase. El mundo se corrompería mediante el apetito pervertido. Haciendo que los hombres tomaran alcohol, Satanás los degradaría cada vez más. Te 12.1
Satanás ha tenido éxito en apartar al mundo de Dios. Ha convertido en una maldición mortal las bendiciones inherentes al amor y la misericordia de Dios. Ha llenado a los hombres con el ansia del licor y del tabaco. Este apetito, que no tiene fundamento alguno en la naturaleza, ha destruido a millones.—The Review and Herald, 16 de abril de 1901. Te 12.2
El secreto de la estrategia enemiga—La intemperancia de cualquier clase entorpece los órganos sensoriales y debilita de tal forma el poder cerebral, que las cosas eternas no son apreciadas, sino colocadas en el mismo nivel que las cosas comunes. Las facultades superiores de la mente, destinadas a propósitos elevados, son puestas en la esclavitud de las pasiones más bajas. Si nuestros hábitos físicos no son correctos, nuestras facultades mentales y morales no pueden ser fuertes, porque hay una estrecha relación entre lo físico y lo moral.—Testimonies for the Church 3:50, 51. Te 12.3
Los nervios del cerebro que relacionan todo el organismo entre sí son el único medio por el cual el cielo puede comunicarse con el hombre, y afectan su vida más íntima.
Su tentación más efectiva de hoy—Satanás se acerca al hombre, como se acercó a Cristo, con sus tentaciones abrumadoras a complacer el apetito. Bien conoce su poder para vencer al hombre en este punto. Venció a Adán y a Eva en el Edén en el apetito, y ellos perdieron su hogar bendito. ¡Qué cúmulo de miserias y crímenes han llenado nuestro mundo a consecuencia de la caída de Adán! Te 13.5

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