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2012/06/05

Devocional Jóvenes 05 de Junio - Palabra de Caballero

Estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo. (Mateo 28:20)



David sabía que su fuerte no era hablar en público, por eso se había preparado arduamente para su primer sermón. Cuando su turno llegó, una extraña sensación se apoderó de él. ¡No recordaba nada! Cuando al final pudo hablar, apenas alcanzó a decir: «Amigos, he olvidado mi sermón».
Con el tiempo, logró mejorar, pero no suficiente. Un autor escribe que la voz de David Livingstone era «pesada y monótona; y la presentación de sus sermones, terrible» (John D. Woodbrige, Ambassodors for Christ [Embajadores de Cristo], P.43).
Entonces conoció a Robert Moffat, un misionero que ejercería una enorme influencia en su vida. Moffat trató de animar a David, diciéndole que quizás Dios quería que fuese médico, no predicador. Pero David no era de los que se desanimaban fácilmente. Sería predicador, ¡y también médico!




Como resultado de sus conversaciones con Moffat, David decidió ir a la China, pero en ese tiempo el acceso a ese gran país estaba cerrado. Entonces le preguntó a Moffat qué le parecía la idea de ir al África. La respuesta de Moffat cautivó a David: «En ocasiones he visto, al amanecer, el humo de unas mil aldeas a las que ningún misionero ha ido jamás».
Eso fue todo lo que David necesitó para tomar una decisión. Propuso a la Sociedad Misionera de Londres que lo enviaran al África y, el 8 de diciembre de 1840, cuando tenía 28 años de edad, viajó como médico misionero. Allí sufriría toda clase de penurias. Fue víctima de constantes ataques de fiebre. 





En una ocasión enfermó de malaria. En otra habría sido destrozado por un león, si no hubiera sido porque un nativo alcanzó a intervenir.



¿Qué sostuvo a David Livingstone durante todos esos años? La respuesta la dio él mismo cuando, después de 16 años de ausencia, visitó la Universidad de Glasgow: «Lo que me sostuvo a pesar de tantas penalidades, y en medio de gente cuyo idioma no entendía, fue esta promesa de Jesús: "Estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo"» (Mat. 28:20).
Esta promesa es también para ti: no importa dónde te encuentres o qué circunstancias estés atravesando, Cristo estará a tu lado todos los días de tu vida hasta el fin del mundo. El ha empeñado su palabra... y la cumplirá.




Gracias, Jesús, porque eres fiel a tus promesas. Permanece a mi lado, ahora y siempre.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala




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El comienzo de la intemperancia

Satanás reunió a los ángeles caídos para planear alguna manera de hacer el mayor daño posible a la familia humana. Se hizo una propuesta tras otra, hasta que finalmente Satanás mismo ideó un plan. Tomaría el fruto de la vid, como también el trigo y otras cosas dadas por Dios como alimento, y las convertiría en venenos que arruinaran las facultades físicas, mentales y morales del hombre y subyugaran de tal forma los sentidos que Satanás lograse el dominio completo. Bajo la influencia del licor los hombres serían llevados a cometer crímenes de toda clase. El mundo se corrompería mediante el apetito pervertido. Haciendo que los hombres tomaran alcohol, Satanás los degradaría cada vez más. Te 12.1

Satanás ha tenido éxito en apartar al mundo de Dios. Ha convertido en una maldición mortal las bendiciones inherentes al amor y la misericordia de Dios. Ha llenado a los hombres con el ansia del licor y del tabaco. Este apetito, que no tiene fundamento alguno en la naturaleza, ha destruido a millones.—The Review and Herald, 16 de abril de 1901. Te 12.2


El secreto de la estrategia enemiga—La intemperancia de cualquier clase entorpece los órganos sensoriales y debilita de tal forma el poder cerebral, que las cosas eternas no son apreciadas, sino colocadas en el mismo nivel que las cosas comunes. Las facultades superiores de la mente, destinadas a propósitos elevados, son puestas en la esclavitud de las pasiones más bajas. Si nuestros hábitos físicos no son correctos, nuestras facultades mentales y morales no pueden ser fuertes, porque hay una estrecha relación entre lo físico y lo moral.—Testimonies for the Church 3:50, 51. Te 12.3

Los nervios del cerebro que relacionan todo el organismo entre sí son el único medio por el cual el cielo puede comunicarse con el hombre, y afectan su vida más íntima.


Su tentación más efectiva de hoy—Satanás se acerca al hombre, como se acercó a Cristo, con sus tentaciones abrumadoras a complacer el apetito. Bien conoce su poder para vencer al hombre en este punto. Venció a Adán y a Eva en el Edén en el apetito, y ellos perdieron su hogar bendito. ¡Qué cúmulo de miserias y crímenes han llenado nuestro mundo a consecuencia de la caída de Adán! Te 13.5