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2012/06/07

Devocional para Jovenes 07 de Junio - No seré yo quien cambie


Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre. (Hebreos 13:8)


«En la vida uno necesita mantener una constante. Para mí esa constante es Dios». Estas son las palabras de un joven de 16 años de nombre William. 


¿Qué quiso decir él con eso de que Dios es su constante?  Por el trabajo de su padre, la familia de William se ha mudado varias veces. Con cada cambio de domicilio William ha tenido que dejar atrás parte de su corta vida, especialmente a sus amigos. 


Al establecerse en una ciudad diferente, 


en ocasiones le ha tocado enfrentar la presión de los nuevos amigos, que lo invitan a hacer cosas indebidas. Pero gracias a los valores que sus padres le han trasmitido, William no fuma, no toma alcohol ni consume drogas. ¿Cómo ha logrado mantenerse fiel a sus principios?



Cuando lo invitan a participar en actividades indebidas, su respuesta es terminante: «Yo no participo de esas cosas». Después de haberse negado, William dice que queda con una mezcla de sentimientos. Por un lado, siente la satisfacción de haber permanecido fiel a sus principios. Pero por el otro, siente que hay un muro de separación entre él y sus amigos. Sabe que para derribar ese muro de separación alguien tiene que cambiar. «Por razones de integridad personal —dice William— no seré yo quien cambie».
Me gusta eso último. Si para que su amistad con el grupo se mantenga, William tiene que cambiar, ¡que se olviden! No será él quien cambie. ¿Por qué él no cambia sus principios? Porque ha encontrado en Jesucristo a un Amigo fiel, quien tampoco cambia, y con quien mantiene una constante comunicación por medio de la oración.


Y luego agrega: «Dios me ha ayudado a enfrentar la pérdida de amigos y también los cambios de residencia. Cuando uno se muda toda cambia. [...]. Es posible incluso perder los valores, porque hay todo un montón de cosas nuevas por delante. Es entonces cuando se hace necesario tener una constante. Y para mí, esa constante es Dios" (Stephen Arterburn , Carol Wilde y Gary Wilde, Young Believer Case Files [Casos sobre creyentes jóvenes], pp. 97-101).
¡Qué bien! En un mundo cambiante, este joven ha encontrado una constante: la amistad de Jesús. ¿La has encontrado también tú?
Gracias, Señor, porque en un mundo cambiante tu amistad permanece

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala



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El comienzo de la intemperancia

Satanás reunió a los ángeles caídos para planear alguna manera de hacer el mayor daño posible a la familia humana. Se hizo una propuesta tras otra, hasta que finalmente Satanás mismo ideó un plan. Tomaría el fruto de la vid, como también el trigo y otras cosas dadas por Dios como alimento, y las convertiría en venenos que arruinaran las facultades físicas, mentales y morales del hombre y subyugaran de tal forma los sentidos que Satanás lograse el dominio completo. Bajo la influencia del licor los hombres serían llevados a cometer crímenes de toda clase. El mundo se corrompería mediante el apetito pervertido. Haciendo que los hombres tomaran alcohol, Satanás los degradaría cada vez más. Te 12.1

Satanás ha tenido éxito en apartar al mundo de Dios. Ha convertido en una maldición mortal las bendiciones inherentes al amor y la misericordia de Dios. Ha llenado a los hombres con el ansia del licor y del tabaco. Este apetito, que no tiene fundamento alguno en la naturaleza, ha destruido a millones.—The Review and Herald, 16 de abril de 1901. Te 12.2


El secreto de la estrategia enemiga—La intemperancia de cualquier clase entorpece los órganos sensoriales y debilita de tal forma el poder cerebral, que las cosas eternas no son apreciadas, sino colocadas en el mismo nivel que las cosas comunes. Las facultades superiores de la mente, destinadas a propósitos elevados, son puestas en la esclavitud de las pasiones más bajas. Si nuestros hábitos físicos no son correctos, nuestras facultades mentales y morales no pueden ser fuertes, porque hay una estrecha relación entre lo físico y lo moral.—Testimonies for the Church 3:50, 51. Te 12.3

Los nervios del cerebro que relacionan todo el organismo entre sí son el único medio por el cual el cielo puede comunicarse con el hombre, y afectan su vida más íntima.


Su tentación más efectiva de hoy—Satanás se acerca al hombre, como se acercó a Cristo, con sus tentaciones abrumadoras a complacer el apetito. Bien conoce su poder para vencer al hombre en este punto. Venció a Adán y a Eva en el Edén en el apetito, y ellos perdieron su hogar bendito. ¡Qué cúmulo de miserias y crímenes han llenado nuestro mundo a consecuencia de la caída de Adán! Te 13.5