¿Qué impulsa a que un ser humano se trace una meta y, con esfuerzo sostenido, la alcance, a pesar de las dificultades que se le atraviesan? Es el poder de un ideal. Así lo expresa Félix Cortés: «Todos los grandes hombres [y mujeres] que han ido al espacio y al fondo del mar, a las selvas y a los desiertos; todos los que han escalado las grandes cumbres y han construido la grandeza humana, lo hicieron porque tenían un ideal. Este ideal los galvanizó para realizar sus memorables hazañas" (Un sitio en la cumbre, p. 50).
¿Tienes ya tu ideal, es decir, «tu montaña» que escalar? Es necesario que la tengas. Como bien lo expresa Elena G. de White en su libro Mente, carácter y personalidad, «una vida sin metas [sin ideales] es morir en vida» (t. 1, p. 341). Y no solo necesitas tener metas, sino que estas también deberían ser elevadas, pues elevada» son las expectativas que Dios tiene para ti, tal como lo expresa el siguiente pensamiento: «Recuerden que nunca alcanzarán una norma más elevada que la que ustedes mismos se fijen. Fíjense, pues, un blanco alto y asciendan todo lo largo de la escalera del progreso, paso a paso, aunque represente penoso esfuerzo, abnegación y sacrificio» (Mensajes para los jóvenes, p. 69).
Sí, Dios espera grandes cosas de ti, y porque espera mucho de ti, te ha capacitado con el potencial necesario para «ascender la escalera del progreso paso a paso».
¿De qué tamaño es tu montaña? Solo tú puedes decidir qué altura tendrá, pero hoy te desafío para que escojas una montaña elevada y, con tu esfuerzo y la ayuda de Dios, llegues a la cumbre.
Señor, coloco todos mis planes en tus manos, para que se cumplan o no de acuerdo a tu voluntad.
Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

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