BIENVENIDOS

2012/09/05

Devocional Jóvenes Septiembre 05 - Honestidad a toda prueba

He escogido el camino de la verdad (Salmo 119:30)


No hay nada nuevo en que se nos recuerde que es necesario decir la verdad. La cosa se complica cuando decir la verdad puede cos
tamos la libertad o incluso la vida.
Según nos cuenta William J. Bennett, en una situación tal se encontró Filóxeno (436-380 a. C.), un sabio que vivió hace muchos años en la ciudad de Siracusa, Sicilia, en tiempos en que gobernaba Dionisio.
Dionisio era muy vanidoso y pensaba que todo lo hacía bien. Por eso, cuando componía poemas, le gustaba reunir a sus cortesanos y leerlos ante ellos. Lo que más disfrutaba era escuchar las alabanzas de sus aduladores. Lo que nadie le decía a Dionisio es que sus poemas eran cualquier cosa menos poemas.
Cierto día Dionisio decidió invitar a Filóxeno a la corte, con el fin de que escuchara sus poemas y le diera su sincera opinión. Y así ocurrió. Dionisio leyó lo mejor de su repertorio y con ansias aguardó las palabras de admiración de parte del sabio. Pero esas palabras nunca llegaron. En cambio, ante el asombro de los presentes, el sabio dijo que esos versos no merecían el calificativo de poesía.
La ira de Dionisio fue tan grande que de inmediato envió al anciano al calabozo. Ahí permaneció durante varias semanas hasta que sus amigos lograron convencer al rey de que lo liberara. Dionisio accedió, pero con una condición: Filóxeno tenía que escuchar sus nuevos versos y dar su opinión.
El gran día llegó y Dionisio leyó su nuevo repertorio. Como siempre, sus cortesanos aplaudieron y llenaron al rey de halagos. Pero era la opinión de Filóxeno la que él quería escuchar.
—Dime, Filóxeno —preguntó Dionisio— ¿qué te parecieron mis poemas?
Después de permanecer callado durante un rato, el anciano se puso de pie, caminó hacia los guardias, y les dijo en tono firme:
—Llévenme de regreso al calabozo.
Con asombro, los presentes aguardaron la explosión de ira de Dionisio. Pero entonces ocurrió algo inesperado: el rey ordenó a los guardias que dejaran al anciano retirarse en paz. Hasta un vanidoso como Dionisio pudo darse cuenta de que un hombre de semejante valor moral no merecía estar en la cárcel (adaptado de William ]. Bennett, The Moral Compass [La brújula moral], pp. 323, 324).
Una vez más había triunfado la honestidad.
Señor Jesús, dame el valor para ser siempre honesto «aunque se desplomen los cielos».

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

No hay comentarios:

Publicar un comentario

El comienzo de la intemperancia

Satanás reunió a los ángeles caídos para planear alguna manera de hacer el mayor daño posible a la familia humana. Se hizo una propuesta tras otra, hasta que finalmente Satanás mismo ideó un plan. Tomaría el fruto de la vid, como también el trigo y otras cosas dadas por Dios como alimento, y las convertiría en venenos que arruinaran las facultades físicas, mentales y morales del hombre y subyugaran de tal forma los sentidos que Satanás lograse el dominio completo. Bajo la influencia del licor los hombres serían llevados a cometer crímenes de toda clase. El mundo se corrompería mediante el apetito pervertido. Haciendo que los hombres tomaran alcohol, Satanás los degradaría cada vez más. Te 12.1

Satanás ha tenido éxito en apartar al mundo de Dios. Ha convertido en una maldición mortal las bendiciones inherentes al amor y la misericordia de Dios. Ha llenado a los hombres con el ansia del licor y del tabaco. Este apetito, que no tiene fundamento alguno en la naturaleza, ha destruido a millones.—The Review and Herald, 16 de abril de 1901. Te 12.2


El secreto de la estrategia enemiga—La intemperancia de cualquier clase entorpece los órganos sensoriales y debilita de tal forma el poder cerebral, que las cosas eternas no son apreciadas, sino colocadas en el mismo nivel que las cosas comunes. Las facultades superiores de la mente, destinadas a propósitos elevados, son puestas en la esclavitud de las pasiones más bajas. Si nuestros hábitos físicos no son correctos, nuestras facultades mentales y morales no pueden ser fuertes, porque hay una estrecha relación entre lo físico y lo moral.—Testimonies for the Church 3:50, 51. Te 12.3

Los nervios del cerebro que relacionan todo el organismo entre sí son el único medio por el cual el cielo puede comunicarse con el hombre, y afectan su vida más íntima.


Su tentación más efectiva de hoy—Satanás se acerca al hombre, como se acercó a Cristo, con sus tentaciones abrumadoras a complacer el apetito. Bien conoce su poder para vencer al hombre en este punto. Venció a Adán y a Eva en el Edén en el apetito, y ellos perdieron su hogar bendito. ¡Qué cúmulo de miserias y crímenes han llenado nuestro mundo a consecuencia de la caída de Adán! Te 13.5