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2012/09/06

Devocional Jóvenes Septiembre 06 - Una cruz que no necesitamos cargar

Si ustedes perdonan a otros el mal que les han hecho, 
su Padre que está en el cielo los perdonará también a ustedes. (Mateo 6:14).

¿Qué tienen en común los invitados a 
participar en las ceremonias de inauguraración de un evento deportivo? Tienen en común que todos son triunfadores. Por eso, el 8 de abril de 2008 ocurrió algo inusual en el estadio Fenway Park, sede del equipo Boston Red Sox (los Medias Rojas de Boston). Ese día, el invitado fue «un perdedor».
Ese «perdedor» era Bill Buckner, jugador responsable de un costoso error que contribuyó para que su equipo, los Medias Rojas, perdiera la Serie Mundial de 1986. Se jugaba el sexto partido y los Medias Rojas de Boston dominaban la serie 3-2 sobre los Mets de Nueva York. Una victoria más y Boston obtendría el campeonato que había anhelado durante más de sesenta años. Con el juego empatado en la décima entrada, Buckner dejó escapar entre sus piernas un batazo inofensivo de Mookie Wilson que permitió a los Mets anotar la carrera de la victoria. Con ese triunfo la serie se empató a tres victorias por equipo, pero al día siguiente los Mets ganaron el séptimo y decisivo juego de la serie.
Su error llegó a ser tema de canciones, poemas, chistes de mal gusto e incluso de películas. En un restaurante se vendieron emparedados que llevaban el nombre de Buckner (tenía dos rodajas de pan sin nada adentro). Su nombre pasó a la historia del béisbol como sinónimo de fracaso.
Durante 22 años, Bill Buckner cargó con su cruz. Pero ese 8 de abril del 2008, miles de fanáticos aplaudieron al verlo hacer el primer lanzamiento del juego. Durante varios minutos, el público, de pie, le tributó una larga ovación mientras muchos derramaban lágrimas de emoción. Bill había sido perdonado.
Lo más hermoso, sin embargo, es que él ya había perdonado. Al ser entrevistado después del juego, dijo: «Yo tenía que perdonar, no tanto a los fanáticos, sino en especial a los medios de comunicación, por todo el mal que me han hecho... pero los he perdonado» (www.wikipedia.org, «Bill Buckner», 10 de abril de 2008).
¿Hay personas en tu vida a quienes te resulta difícil perdonar? Recuerda que el perdón libera, no tanto al ofensor, sino al que perdona. ¿Por qué seguir siendo prisionero de tu propio rencor? Por la gracia de Dios, hoy puedes ser libre de esas cadenas.
Ayúdame, Señor, a perdonar como tú me has perdonado.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

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El comienzo de la intemperancia

Satanás reunió a los ángeles caídos para planear alguna manera de hacer el mayor daño posible a la familia humana. Se hizo una propuesta tras otra, hasta que finalmente Satanás mismo ideó un plan. Tomaría el fruto de la vid, como también el trigo y otras cosas dadas por Dios como alimento, y las convertiría en venenos que arruinaran las facultades físicas, mentales y morales del hombre y subyugaran de tal forma los sentidos que Satanás lograse el dominio completo. Bajo la influencia del licor los hombres serían llevados a cometer crímenes de toda clase. El mundo se corrompería mediante el apetito pervertido. Haciendo que los hombres tomaran alcohol, Satanás los degradaría cada vez más. Te 12.1

Satanás ha tenido éxito en apartar al mundo de Dios. Ha convertido en una maldición mortal las bendiciones inherentes al amor y la misericordia de Dios. Ha llenado a los hombres con el ansia del licor y del tabaco. Este apetito, que no tiene fundamento alguno en la naturaleza, ha destruido a millones.—The Review and Herald, 16 de abril de 1901. Te 12.2


El secreto de la estrategia enemiga—La intemperancia de cualquier clase entorpece los órganos sensoriales y debilita de tal forma el poder cerebral, que las cosas eternas no son apreciadas, sino colocadas en el mismo nivel que las cosas comunes. Las facultades superiores de la mente, destinadas a propósitos elevados, son puestas en la esclavitud de las pasiones más bajas. Si nuestros hábitos físicos no son correctos, nuestras facultades mentales y morales no pueden ser fuertes, porque hay una estrecha relación entre lo físico y lo moral.—Testimonies for the Church 3:50, 51. Te 12.3

Los nervios del cerebro que relacionan todo el organismo entre sí son el único medio por el cual el cielo puede comunicarse con el hombre, y afectan su vida más íntima.


Su tentación más efectiva de hoy—Satanás se acerca al hombre, como se acercó a Cristo, con sus tentaciones abrumadoras a complacer el apetito. Bien conoce su poder para vencer al hombre en este punto. Venció a Adán y a Eva en el Edén en el apetito, y ellos perdieron su hogar bendito. ¡Qué cúmulo de miserias y crímenes han llenado nuestro mundo a consecuencia de la caída de Adán! Te 13.5