Cuando Susan se enteró que estaba embarazada, se preocupó mucho pues hacía dos años que había superado la barrera de los 40 años y era consciente de los riesgos que entrañaba su embarazo. Aunque vivía en Estados Unidos, donde es permitido el aborto, como cristiana comprometida desechó las insistentes voces de sus amigas y junto a su esposo Michael confiaron el embarazo al Señor.Kenneth nació aparentemente como un niño normal, sin embargo las conclusiones del pediatra fueron contundentes: había nacido con Síndrome de Down, aunque no presentaba los típicos rasgos “mongoloides” que conllevan los que sufren este mal. Desde ese día sus padres decidieron darle todas las estimulaciones y esfuerzos para que pudiera valerse por sí mismo, además de una fe en Dios y en su palabra.
En los 400 metros, salió en primer lugar y se mantuvo así hasta la recta final, sin embargo, a pocos metros de la meta se detuvo y se retiró de la pista ante el asombro de la multitud. Sus padres le preguntaron con cariño:- ¿Por qué hiciste eso, Kenneth? si hubieras seguido, habrías ganado otra carrera y por lo tanto otra medalla!!!- Pero mamá –contestó Kenneth con inocencia– yo ya tengo una medalla; en cambio Benny, todavía no tenía una.!!!Para muchos de los testigos de esa carrera, la actitud de Kenneth fue una estupidez mayúscula, pues, en esta sociedad consumista se nos ha enseñado a acumular y atesorar para nosotros mismos.
-Compartido por Kadosh Kodesh-


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