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2012/05/17

Devocional Jóvenes 17 de mayo - A eso no le llames fracaso


Si en el día de la aflicción te desanimas, muy limitada es tu fortaleza. (Proverbios 24:10, NVI)

Muy pocos dudan en calificar a Tomás Alva Edison como el mayor inventor de todos los tiempos. Se calcula que patentó más de mil inventos, entre los cuales destacan el bombillo eléctrico y el fonógrafo («antepasado» de los modernos equipos de sonido). Su contribución también fue significativa en el desarrollo del sistema telefónico, las películas con movimiento, la máquina de escribir y otros importantes inventos que dieron al mundo el perfil tecnológico que hoy posee.
¿Cómo pudo Edison lograr tanto? Porque nunca se desanimó ante el fracaso. Se cuenta que después de intentar miles de veces de crear el bombillo incandescente, un amigo trató de consolarlo. La respuesta de Edison fue inmediata.
—Yo no he fracasado. ¡Ya sé de diez mil procedimientos que no funcionan!
Lo más curioso de Edison es que, cuando apenas tenía ocho años, su maestro de la escuela lo llamó «un alumno improductivo». Ese día Edison regresó a su casa llorando. Cuando su madre se enteró de lo ocurrido, de inmediato fue a la escuela y le dijo al maestro que no sabía lo que estaba diciendo. Edison nunca olvidó esa experiencia. En ese instante, se propuso demostrar que su madre no estaba equivocada. Si algo nos enseña la experiencia de ese «alumno improductivo» es la importancia de adoptar la actitud correcta ante el fracaso. Porque fracasar no significa necesariamente que dejes de alcanzar una meta. Significa, sencillamente, que algo no funcionó. O que no perseveraste lo suficiente para lograrla. Por lo tanto, si últimamente has «fracasado», las siguientes palabras de un escritor anónimo te pueden ayudar:
«A eso de caer y volver a levantarte, de fracasar y volver a comenzar, de tomar un camino y tener que abandonarlo, de sufrir el dolor y tener que soportarlo; a eso no le llames adversidad, llámale sabiduría. A eso de fijarte una meta y tener que cambiarla por otra; de huir de una prueba y tener que enfrentar otra; de aspirar y no poder, de querer y no saber, de avanzar y no llegar; a eso no le llames fracaso, llámale aprendizaje» (Revista adventista, ed. sudamericana, noviembre de 2001, p. 9).
Dicho de otra manera...
«FRACASA EL QUE DEJA DE LUCHAR».

Ayúdame, Señor, a aprender de mis errores; y a perseverar para lograr mis objetivos.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala


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El comienzo de la intemperancia

Satanás reunió a los ángeles caídos para planear alguna manera de hacer el mayor daño posible a la familia humana. Se hizo una propuesta tras otra, hasta que finalmente Satanás mismo ideó un plan. Tomaría el fruto de la vid, como también el trigo y otras cosas dadas por Dios como alimento, y las convertiría en venenos que arruinaran las facultades físicas, mentales y morales del hombre y subyugaran de tal forma los sentidos que Satanás lograse el dominio completo. Bajo la influencia del licor los hombres serían llevados a cometer crímenes de toda clase. El mundo se corrompería mediante el apetito pervertido. Haciendo que los hombres tomaran alcohol, Satanás los degradaría cada vez más. Te 12.1

Satanás ha tenido éxito en apartar al mundo de Dios. Ha convertido en una maldición mortal las bendiciones inherentes al amor y la misericordia de Dios. Ha llenado a los hombres con el ansia del licor y del tabaco. Este apetito, que no tiene fundamento alguno en la naturaleza, ha destruido a millones.—The Review and Herald, 16 de abril de 1901. Te 12.2


El secreto de la estrategia enemiga—La intemperancia de cualquier clase entorpece los órganos sensoriales y debilita de tal forma el poder cerebral, que las cosas eternas no son apreciadas, sino colocadas en el mismo nivel que las cosas comunes. Las facultades superiores de la mente, destinadas a propósitos elevados, son puestas en la esclavitud de las pasiones más bajas. Si nuestros hábitos físicos no son correctos, nuestras facultades mentales y morales no pueden ser fuertes, porque hay una estrecha relación entre lo físico y lo moral.—Testimonies for the Church 3:50, 51. Te 12.3

Los nervios del cerebro que relacionan todo el organismo entre sí son el único medio por el cual el cielo puede comunicarse con el hombre, y afectan su vida más íntima.


Su tentación más efectiva de hoy—Satanás se acerca al hombre, como se acercó a Cristo, con sus tentaciones abrumadoras a complacer el apetito. Bien conoce su poder para vencer al hombre en este punto. Venció a Adán y a Eva en el Edén en el apetito, y ellos perdieron su hogar bendito. ¡Qué cúmulo de miserias y crímenes han llenado nuestro mundo a consecuencia de la caída de Adán! Te 13.5