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2012/10/04

Devocional Jóvenes 04 de octubre - Como un Programa de Computación

Debes ser un ejemplo para los creyentes en tu modo de
hablar y de portarte, y en amor; fe y pureza de vida. (1 Timoteo 4:12).

Un grupo de viejas amigas se reúne para pasar e
l día juntas.
—¡Montemos bicicleta a la orilla del lago, como en los viejos tiempos! — Sugiere Arlene.
—¡Pero yo no he manejado una bicicleta desde hace años! —responde Nancy.
—No te preocupes —contesta Arlene—. Ese software todavía está en tu cerebro, aunque no hayas recurrido a él durante años.
Si alguna vez aprendiste a manejar bien la bicicleta, esa información, el software, está todavía archivado en tu cerebro, aunque no lo hayas hecho desde hace varios años. Y lo mismo ocurre si aprendiste, por ejemplo, a nadar o a tocar la guitarra. ¿Cómo es eso?
Arlene Taylor, quien es hoy una especialista en funciones cerebrales, explica que los hábitos son como un programa de computación que funciona en nuestro cerebro a través de las neuronas. Cuando repetimos muchas veces una acción, se forma en el cerebro algo así como un camino o sendero por donde «corre» el hábito. Lo que esto quiere decir es que, cuando ya está establecido en el cerebro, el hábito nos impulsa a actuar en forma consecuente y predecible (Women of Spirit [Mujeres de espíritu], abril de 2005, pp. 6, 7).
Esta característica de los hábitos ha sido bien ilustrada por la historia de la mula ateniense, que el pastor Sergio V. Collins narra en el libro La personalidad triunfadora del joven moderno. Cuenta ese relato que durante la construcción de la Acrópolis de Atenas, se usaron muchas mulas para el transporte de piedras cerro arriba. Una de ellas, quizás porque se enfermó de reumatismo o porque ya estaba muy vieja, fue «jubilada». Lo curioso del caso fue que, hasta el día de su muerte, la vieja mula siguió subiendo y bajando el cerro con las demás mulas jóvenes, ¡aunque no llevaba carga alguna sobre el lomo! ¡Qué tremendo el poder de los hábitos!
Si, por ejemplo, has cultivado el hábito de la buena lectura, de hacer ejercicio físico, de ingerir alimentos sanos, de orar, de acostarle y levantarte temprano, etc., esos buenos hábitos le acompañarán mientras vivas. Pero si son malos, vas a tener que «declararles la guerra» hoy mismo. Es verdad, no lograrás eliminarlos de un día para el otro, pero recuerda que todo lo puedes en Cristo que te fortalece.

A partir de hoy, ayúdame. Padre, a cultivar hábitos que glorifiquen tu nombre.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala



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El comienzo de la intemperancia

Satanás reunió a los ángeles caídos para planear alguna manera de hacer el mayor daño posible a la familia humana. Se hizo una propuesta tras otra, hasta que finalmente Satanás mismo ideó un plan. Tomaría el fruto de la vid, como también el trigo y otras cosas dadas por Dios como alimento, y las convertiría en venenos que arruinaran las facultades físicas, mentales y morales del hombre y subyugaran de tal forma los sentidos que Satanás lograse el dominio completo. Bajo la influencia del licor los hombres serían llevados a cometer crímenes de toda clase. El mundo se corrompería mediante el apetito pervertido. Haciendo que los hombres tomaran alcohol, Satanás los degradaría cada vez más. Te 12.1

Satanás ha tenido éxito en apartar al mundo de Dios. Ha convertido en una maldición mortal las bendiciones inherentes al amor y la misericordia de Dios. Ha llenado a los hombres con el ansia del licor y del tabaco. Este apetito, que no tiene fundamento alguno en la naturaleza, ha destruido a millones.—The Review and Herald, 16 de abril de 1901. Te 12.2


El secreto de la estrategia enemiga—La intemperancia de cualquier clase entorpece los órganos sensoriales y debilita de tal forma el poder cerebral, que las cosas eternas no son apreciadas, sino colocadas en el mismo nivel que las cosas comunes. Las facultades superiores de la mente, destinadas a propósitos elevados, son puestas en la esclavitud de las pasiones más bajas. Si nuestros hábitos físicos no son correctos, nuestras facultades mentales y morales no pueden ser fuertes, porque hay una estrecha relación entre lo físico y lo moral.—Testimonies for the Church 3:50, 51. Te 12.3

Los nervios del cerebro que relacionan todo el organismo entre sí son el único medio por el cual el cielo puede comunicarse con el hombre, y afectan su vida más íntima.


Su tentación más efectiva de hoy—Satanás se acerca al hombre, como se acercó a Cristo, con sus tentaciones abrumadoras a complacer el apetito. Bien conoce su poder para vencer al hombre en este punto. Venció a Adán y a Eva en el Edén en el apetito, y ellos perdieron su hogar bendito. ¡Qué cúmulo de miserias y crímenes han llenado nuestro mundo a consecuencia de la caída de Adán! Te 13.5